Un amigo cercano, de esos que no tiene pelos en la lengua (ni filtro alguno), me soltó:
“Shei, (sí, él me llama así) Todo lo que dices en tu redes sobre comunicación suena muy bien y que si el estudio x dijo no sé… pero, ¿cómo aplico yo todo esto a mi trabajo, o en mi día a día?”
¡Zas! Fue como un cachetón. Y dolía más porque venía de él.
Le di una respuesta corta —entre risa nerviosa y cara de “buen intento”— que me salió bastante bien. Pero hoy, aquí, te traigo la respuesta larga.
Porque sí, la teoría inspira, pero lo que realmente transforma es saber cómo llevarla a la acción. De nada sirve conocer todos los conceptos del mundo si no puedes utilizarlos a tu favor.
Por eso, hoy te traigo 3 aplicaciones prácticas, respaldadas por estudios científicos recientes, que puedes empezar a usar desde ya para mejorar la forma en que te comunicas y te conectas con los demás.
- El poder oculto de las emociones compartidas
Imagínate que estás en una sala y alguien que no conoces se sienta a tu lado. No dice nada, miran una pantalla juntos. ¿Qué sentirías?
Un estudio publicado en Royal Society Open Science comprobó que experimentar emociones intensas junto a otra persona, incluso sin hablar, fortalece la conexión entre ambos. En el experimento, personas desconocidas vieron vídeos emocionales una al lado de la otra. Al terminar, quienes podían verse físicamente reportaron una mayor sensación de vínculo.
Recomendación práctica: la próxima vez que quieras generar conexión (con tu equipo, con un cliente, en una reunión o incluso con amigos), comparte una experiencia que despierte una emoción intensa: ver un vídeo inspirador juntos, escuchar una historia conmovedora o vivir una situación significativa al mismo tiempo. No es lo que le dices, es lo que sienten juntos.
- Emociones que se contagian, aunque no veas al otro
Hace unas semanas, iba en el metro de Madrid rumbo a dar clase en UDIT, la universidad donde imparto Oratoria y Psicología de la Percepción. Hora punta. El vagón, lleno. Cada uno en su mundo: música, libro o esa mirada perdida típica de un lunes a las 7:30 de la mañana.
Entre tanta rutina, un chico miraba su móvil. De pronto, algo que vio le hizo tanta gracia que empezó a reírse a carcajadas. No una risita tímida, sino de esas que te sacan lágrimas. Poco a poco, las miradas se levantaron. Y, sin saber por qué, empezamos a sonreír… y luego a reír. Uno a uno, todos caímos en ese carrusel de alegría sin motivo aparente (al menos para nosotros).
Esto tiene un nombre: contagio emocional.
Ocurre sin que lo notemos: imitamos emociones ajenas de forma automática. Y no solo pasa cara a cara: investigaciones demuestran que también sucede en entornos digitales, incluso sin lenguaje no verbal. La clave está en nuestras neuronas espejo, que se activan al observar las emociones de otros, impulsándonos a reproducirlas.
Además, un estudio de 2025 sobre regulación emocional interpersonal demostró que estrategias como la escucha receptiva o el reencuadre (reframing) son más efectivas que intentar hacer reír a alguien con un chiste fuera de lugar.
Recomendación práctica: si detectas que la energía de una reunión o conversación está en decadencia, en lugar de forzar la risa, prueba a escuchar activamente, reconocer la emoción del otro y reformular lo que dice con un enfoque positivo. Cambiarás el clima emocional sin que parezca forzado
3. Conexión cultural y emocional a través de la tecnología
He tenido la suerte de trabajar en equipos con gran diversidad cultural y la comunicación si a veces en tu mismo idioma y cultura, es complicada, ya puedes imaginarte el reto que suponía en ese entorno. Lo que para unos era una sonrisa amplia y entusiasta, para otros parecía una exageración fuera de lugar. Lo mismo con los silencios: en un país eran incómodos, en otro, señal de respeto.
Así fue como confirmé algo que ya intuía: en comunicación intercultural, las palabras no son tan importantes, como lo es la interpretación de las emociones… y ahí la tecnología puede ayudarnos.
Vivimos en un mundo interconectado donde cada vez más ocurre todo a través de pantallas. Aquí entra en juego una herramienta emergente: la Emotion-AI o inteligencia artificial emocional.
Un estudio reciente publicado en Frontiers in Computer Science mostró que esta tecnología, capaz de detectar y analizar emociones (a través de voz, expresiones faciales o patrones de lenguaje), puede mejorar la comunicación intercultural.
Pero hay una condición clave: para que funcione, debe respetar la diversidad emocional propia de cada cultura. Lo que en un país es señal de entusiasmo, en otro puede interpretarse como exageración o incluso como falta de respeto.
Esto significa que la tecnología puede ser un puente… o una barrera, dependiendo de cómo se utilice. Usada bien, puede ayudarnos a adaptar nuestros mensajes, anticipar reacciones y generar interacciones más empáticas a escala global.
Recomendación práctica: si trabajas con personas de distintas culturas (en videollamadas, proyectos internacionales o formaciones online), dedica unos minutos a investigar cómo expresan emociones en su contexto cultural. Ajusta tu tono, lenguaje y ejemplos para que tu mensaje se sienta cercano y respetuoso, sin perder tu autenticidad.
Al terminar de escribir todo esto, pensé en mi amigo Javi y en aquella pregunta directa que me lanzó. Si hoy estuviera delante, le diría:
“Todo lo que se estudia nos ayuda a saber cómo interactuar entre nosotros y a entender mejor los procesos de cada uno. La ciencia nos ayuda a comunicarnos mejor y ya puedes usar estos consejos prácticos desde mañana mismo.”
Cositas para recordar:
- Las emociones son el pegamento real de cualquier interacción, no un añadido verde ni superficial.
- Las emociones se contagian y transforman dinámicas sin necesidad de palabras.
- Reconocer cuándo alguien está tenso o necesitado de apoyo puede ser más poderoso que cualquier técnica.
- Y en entornos digitales o multiculturales, comunicar con empatía requiere precisión emocional y culturalmente respetuosa.
